Se aproxima el estío que trae consigo el descanso tan anhelado, pero también el calor, las lluvias, así como un poco de incertidumbre y temor. Cuando las precipitaciones son frecuentes y copiosas provocan a menudo inundaciones. Seguramente, los 80 milímetros caídos el martes pasado trajeron a la memoria momentos de zozobra en muchos tucumanos que habitan en la proximidad de los ríos. Estos ponen a prueba al Estado si han trabajado con responsabilidad para evitar los desbordes y el daño que provocan en la población.
Hace pocos días, ediles y una organización ambientalista de Concepción manifestaron su preocupación porque el río Chirimayo podría desbordar durante el verano, e inundar un amplio sector del municipio, como consecuencia de la extracción descontrolada de áridos que practica una empresa constructora. El cauce se está quedando sin defensas, deforestado y con un dragado que evidencia la carencia de un estudio técnico, según la denuncia de un concejal. La Unión Vecinos de Concepción realizó un planteo judicial y pidió una investigación sobre la extracción de ripio que se estaría haciendo en forma desmedida. Sin embargo, el intendente afirmó que pese a tener informes respecto de que la extracción de áridos desde El Chirimayo se efectúa en forma adecuada, revisará los trabajos.
Tanto los ambientalistas como los ediles advirtieron el peligro latente que se presenta en la acequia de Los Méndez, que abastece de agua al ingenio La Corona y tiene su origen en el Chirimayo. Esta se halla sin compuertas y si se produjera una crecida, el canal podría desbordar y anegar barrios del sector sur del municipio. Solicitaron que se instalara una compuerta que regule la salida de agua.
Los áridos que se extraen del Chirimayo, se emplean en la realización del tramo Concepción-Aguilares de la nueva ruta 38. Para que la firma constructora pudiera efectuar esa tarea Vialidad de la Nación y la Dirección Provincial del Agua firmaron un acuerdo. Los ediles aseguran que no se está teniendo en cuenta el límite de profundidad del lecho, lo cual se advierte en los gaviones que comenzaron a desplomarse.
De tanto en tanto, surgen reclamos vecinales por esta causa. En enero de 2011, se efectuó una peligrosa extracción de áridos en el río Muerto que atraviesa el Parque Sierra de San Javier que administra la Universidad Nacional de Tucumán. Según una ambientalista, el ancho del río se había triplicado y el lecho había sido saqueado hasta el suelo mineral. Se formó entonces el grupo "No destruyan mi cerro". En mayo de ese año, le tocó el turno al arroyo Caínzo, tributario del río Muerto.
Es la Secretaría de Minería de la provincia la repartición que debe emitir los permisos para la extracción de áridos en los ríos. Si esta actividad fuese rigurosamente controlada y en forma permanente se realizara el mantenimiento de los cauces, así como de los puentes, se estaría trabajando en la prevención. Si esta sustracción se hiciera tal vez en épocas de sequía no representaría un peligro ni generaría resquemor en los tucumanos, en particular de aquellos que han perdido todo en las inundaciones.
La experiencia demuestra que cuando la naturaleza reacciona ante las agresiones del hombre, lo hace con tanta violencia que no hay poder político o económico que pueda impedirlo.